![]() |
♍ - VIRGO 23 agosto a 22 septiembre |
¡Por fin!, ya está aquí Septiembre al que idolatro y amo por múltiples y variadas razones. Debo confesarles que uno de los motivos de mi nada disimulada admiración por septiembre, es haber nacido en él. Allá por 19... uff! ...., ¡bah!, lo digo, 1956. Sería una gilipollez por mi parte esconder mi año de nacimiento, ya que si van ustedes-vosotros a mi perfil, comprobarán-eis que en él figura mi edad (no lo pensé en su momento). Y por si acaso hay algún lector amigo o lector conocido cercano, les diré que es el 16. Se acepta de todo menos comida, que estoy a régimen.
Por otro lado, es en este mes cuando se inician nuevamente las clases en los colegios. Cuando yo era crío odiaba septiembre por ello y a los adultos por su, por aquel entonces incomprendida, alegría y alborozo. Es ahora, cuando ya adulto, odio a los infantes y festejo con rebosante alegría su encierro en los centros de estudio. Dirán, queridos sufridores de estas líneas, que soy el típico cascarrabias gruñón y que los niños, tiernos, alegres y dulces ellos, son una bendición de Dios... ¡y una mierda pinchada en un palo! (con perdón). Quizás, si les explico, halle en alguno de ustedes un poco de comprensión y benévola compasión. Les cuento; tienen tiempo ¿verdad?. Debajo de mi casa hay una pequeña plazoleta. En el centro de ella dos pequeños y simples jardines separados por un pasillo embaldosado. "El prado" la llaman, muy seriamente, los nativos del barrio. Tiene su guasa y su aquél llamar prado a dos diminutos y paupérrimos jardínes, pero por estas tierras son así. Otro día les contaré las curiosas peculiaridades de las gentes de este barrio. Como, por ejemplo, esa de ignorar constantemente los timbres o porteros automáticos (que para algo estarán, digo yo) y llamar a grito pelado desde la calle a la persona buscada. Tosca, aldeana, molesta y maleducada costumbre muy en boga por aquí, que se complementa con la devenida conversación ventana⇄calle entre el reclamado y el reclamante. Da igual que sean las tres de la tarde o de la madrugada, que la conversación sea íntima o una bronca del carajo. Añádanle el hecho de que esta plazoleta tiene una acústica que ríase usted de la del edificio de La Opera de Sídney. Así es que, cuando les cuente chismes de mis vecinos, no me acusen de cotilla; que sí, que lo soy, pero que me entero aunque no lo quiera (y puedo adelantarles que hay mucho y jugoso "trapo sucio" por aquí).
![]() |
El Prado (según los vecinos) |
Algunos de los "tiernos niños" |
Se me olvidaba comentar que "el prado", a parte de multiusos, es utilizado también como "pipican". Y es nuevamente curioso y extrañamente casual que son los padres de los niños mencionados, los que bajan sus perros a defecar y orinar en el mismo jardín donde sus queridos retoños retozan alegremente. Ni que decir tiene que son totalmente negados a recoger los excrementos y que hacen oídos sordos, o más bien ojos ciegos, al cartel de "perros aquí no". Parece ser que eso de la higiene y prevención de infecciones nada tiene que ver con ellos. Estarán conmigo en que con padres así poco podemos esperar de la educación de sus cachorros.
Así es que para mí y otros vecinos, la llegada de septiembre es como la firma de un deseado armisticio y el comienzo de las clases algo comparable al milagro de Moisés y el Mar Rojo. A falta de un Herodes justiciero (empieza a caerme bien y simpático el personaje) el curso escolar nos quita de la plazoleta esta chunga marabunta. Ahora solo hace falta un policía local y un poquito de casualidad para retirar a los papis-mamis cerdacos-cerdacas y sus inimputables perritos. Ya lo de la educación y el respeto es batalla perdida. Espero que ahora entiendan mi alegría inicial. Que lo disfruten y hasta pronto... Septiembre, septiembre ¡Ay Dios, qué felicidad!